La Lucha De Jacob Con El Ángel De Dios

La lucha de Jacob con el Ángel de Dios es un hecho que narra la Biblia, donde este hombre después de vivir momentos difíciles tras huir de su hermano Esaú, y por veinte años trabajar con Labán lejos de él, por lo que luego de ese proceso dispuso su corazón en encontrarse con su hermano.

Un día antes sucede que Jacob lucha con un ángel, situación que produce cambios en su vida, antes de tener ese encuentro con Esaú, para poder resolver las diferencias que tenían luego que este le robó la bendición de la primogenitura, por ello quería restaurar su relación con su hermano mayor.

Índice

    Jacob antes de encontrarse con Esaú

    Jacob antes de encontrarse con Esaú

    Jacob vivió una vida que era dominada por la naturaleza material y los deseos carnales, que lo movían a actuar de la forma incorrecta delante de Dios, y había producido una serie de desencuentros con el hermano Esaú, situación que lo llevo a huir.

    Durante ese tiempo Jacob estando separado del hermano se encontró 20 años trabajándole a Labán, quien de forma sistemática abuso de él, por lo que este lo meditó en su vida pasada, logrando recapacitar en medio de este proceso que lo hizo abrir los ojos y transformar su carácter, y llevarlo a un estilo de vida honesto.

    Producto de este tiempo de proceso en su vida logró recapacitar, a tal punto de querer reencontrarse después de tantos años con Esaú, y de esta forma cancelar la deuda que tenía con él, y pedirle perdón por todo el daño ocasionado ante las bendiciones que le pertenecía a Esaú, por lo que cambió su modo de ver las cosas, y su corazón se dispuso en tener ese encuentro con el respaldo de Dios. (Génesis 32:1-5)

    En este momento pudo Jacob recibir el respaldo y la guía de Dios, quien se le manifestaba, para brindarle la protección al presentarse en su camino sus ángeles, dando la aprobación ante ese testimonio de ese nuevo hombre que se encontraría delante de Esaú.

    Se puede ver que Jacob no era ese hombre que obraba con engaño y astucia delante de su hermano, y mucho menos después de todo lo vivido con Labán, Jacob se encontraba de regreso a esa tierra que lo había visto huir de su hermano quien lo perseguía, por haberle de quitado la bendición de la primogenitura.

    Era evidente el cambio sustancial de este hombre, quien al dirigirse a su hermano uno un lenguaje de respeto, al referirse como "mi señor Esaú" y en acción de sumisión como "tu siervo Jacob", demostrando sumisión y respeto.

    Ese antiguo Jacob no estaba, pues no usaba ese lenguaje manipulador sino que era un lenguaje que indicaba respeto, y tenía una actitud humilde con el deseo de poder saldar las faltas cometidas. Ante esto Esaú le respondió lo siguiente a través de sus siervos:

    “Y los mensajeros regresaron a Jacob, diciendo: Fuimos a tu hermano Esaú, y él también viene a tu encuentro y cuatrocientos hombres con él” (Génesis 32:6)

    Ante esa respuesta dada por Esaú produjo temor en Esaú, quien no sabía que sucedería eb ese encuentro, ya que su hermano anunciaba que lo acompañarían 400 hombres, es por ello que no sabia las intenciones de Esaú, si sería de venganza o sería compañía en acción de paz.

    “Entonces Jacob tuvo mucho temor y se angustió; y dividió la gente que estaba con él, y las ovejas, las vacas y los camellos, en dos campamentos y dijo: Si Esaú viene a un campamento y lo ataca, entonces el campamento que queda escapará.” (Génesis 32:7-8)

    Es por ello, que Jacob de forma sabia evaluó la situación que podría presentarse y desarrolló una estrategia: distribuyó a sus hombres para tener la mejor defensiva, ante un eventual ataque por parte de los 400 hombres que acompañarían a Esaú. Ante eso él se inclinó y oró a Dios por la aflicción que sentía su corazón.

    “Y dijo Jacob: Oh Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, oh Señor, que me dijiste: Vuelve a tu tierra y a tus familiares, y yo te haré prosperar, indigno soy de toda misericordia y de toda la fidelidad que has mostrado a tu siervo; pues con sólo mi cayado crucé este Jordán, y ahora he llegado a tener dos campamentos.

    Líbrame, te ruego, de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque yo le tengo miedo, no sea que venga y me hiera a mí y a las madres con los hijos. Y tú dijiste: “De cierto te haré prosperar, y haré tu descendencia como la arena del mar que no se puede contar por su gran cantidad.” (Génesis 32:9-12)

    De este modo, se puede ver como Jacob se acercó a la presencia de Dios en medio de lo que estaba viviendo, y se reconoció como un pecador, aceptando que no merecía la misericordia de Dios, además de calificarse a sí mismo como: "indigno soy de toda misericordia y de toda la fidelidad que has mostrado a tu siervo".

    Este reconocimiento de Jacob ante Dios, decide acercarse de forma genuina a Él, reflejando una actitud humilde, algo que no hacía, exaltando al Todopoderoso, pidiéndole ayuda ante el temor que tenía por su hermano Esaú, afirmando "yo le tengo miedo, no sea que venga y me hiera a mí y a las madres con los hijos".

    Preparación de Jacob para el encuentro con Esaú

    Preparación de Jacob para el encuentro con Esaú
    Después que Jacob realizó la oración delante de Dios, tenía por delante una noche larga, para esperar ese anhelado encuentro con Esa, a quien quería honrar y cubrir ese pasado de dolor y deshonra. (Génesis 32:13-23)

    Ante eso, Jacob desarrolló la táctica de enviar los rebaños tras rebaños, de modo que por retazos le envió el regalo de honra a Esaú. Sin embargo, a pesar que había orado a Dios por su ayuda en ese momento de temor retrocedió y actuó según su percepción, haciendo preparativos muy personales.

    La Lucha de Jacob con el Ángel de Dios

    La Lucha de Jacob con el Ángel de Dios

    Esa noche Jacob en la soledad de ese arroyo tenía un encuentro con ese pasado, ya que los recuerdos regresaban a él, entendía que había herido a Esaú, y él se encontraba solo al otro lado del arroyo, ya que no quiso arriesgar a su familia, por lo que los hizo pasar con todos sus hombres al otro lado para poder protegerlos de un ataque de Esaú, ante eso lo que ocurrió fue un encuentro con un ángel.

    “Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices” (Génesis 32:24-26)

    Se debe analizar que la Biblia dice o hace referencia que fue una lucha incesante que tuvo Jacob con el ángel, pero se puede interpretar que más que una lucha o forcejeo de forma violenta, Jacob era insistente y se manifestó esa característica de un hombre que no se daba por vencido de forma fácil.

    Con este hecho se demuestra que Jacob tenía gran resistencia ante este ángel, él no buscaba la confrontación sino que no se rendía, a lo que el ángel tuvo que derribarlo hiriéndole el muslo, siendo la marca de ese encuentro con la entidad celestial enviada por Dios.

    La lucha que tuvo Jacob con el ángel de Dios se puede ver como la representación de toda su vida, enseñándole que para obtener la bendición no debía obtenerla con sus fuerzas, sino que debía rendirse, ceder y aferrarse a Dios.

    A Jacob le cambian el nombre a Israel

    A Jacob le cambian el nombre a Israel

    Después de esta lucha de Jacob con el ángel se produjo un cambio sustancial en la vida de este hombre, ya que le permitió llegar a un nuevo modo de pensar, donde ya lo pasado no sería reflejado en su vida, tanto que su nombre fue cambiado.

    “Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre.

    Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera” (Génesis 32:27-31)

    Debe notarse que en este evento se representa el quebrantamiento de Jacob, a lo que el ángel tuvo que quebrarle el muslo para que Jacob se rindiera, ya que el usó su capacidad en lucha, pues tenía inmovilizado al ángel, a tal punto que este debió herirlo para ser soltado.

    Es en este punto que se puede ver como el poder de Dios logró imposibilitar a Jacob, quien a pesar de estar herido se mantuvo firme en ser bendecido por el ángel, situación que demuestra gran resistencia física y un deseo ferviente en poder encontrarse con Dios, ya que lo necesitaba en ese momento de soledad, tristeza y angustia.

    “Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”

    Este encuentro con el ángel dejó marcado marcado a Jacob desde el aspecto espiritual al igual que en lo físico, ya que su vida espiritual no era la mejor, y la herida física se convertía en la señal de su debilidad ante el poder de Dios, que se le manifestó en esa noche de soledad.

    De este modo, cuando Jacob recibe el nuevo nombre de Israel viene a representar una nueva vida, dejaría de ser el hombre engañador, el usurpador o el metiroso a convertirse en el hombre nuevo, empezaría un período de cambios sustanciales que se caracterizarían en tener un carácter sólido en la fe, amor, paz seguridad y fidelidad ante Dios.

    Se puede decir que Jacob venció con la vieja naturaleza, y alcanzó la victoria cuando se rindió a Dios, quien le quebrantó esa fuerza humana que no lo dejaba confiar en Dios, para poder mostrarle que bastaba con rendirse ante Él, y de ese modo poder obtener su bendición.

    El Reencuentro de Jacob con Esaú

    El Reencuentro de Jacob con Esaú

    Luego de este encuentro de Jacob con el ángel se iniciaba esta nueva historia, donde todo sería nuevo, ya que su vieja naturaleza había sido quebrada, dejándola atrás en este encuentro que no fue contienda, sino de gran bendición y de perdón.

    “Alzando Jacob sus ojos, miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él; entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas. Y puso las siervas y sus niños delante, luego a Lea y sus niños, y a Raquel y a José los últimos.

    Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron. Y alzó sus ojos y vio a las mujeres y los niños,

    y dijo: ¿Quiénes son éstos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo. Luego vinieron las siervas, ellas y sus niños, y se inclinaron. Y vino Lea con sus niños, y se inclinaron; y después llegó José y Raquel, y también se inclinaron.

    Y Esaú dijo: ¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? Y Jacob respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor. Y dijo Esaú: Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo” (Génesis 33:1-9)

    Esa insistencia que tenía Jacob de entregar cada uno de los presentes era porque sentía culpa de todo el mal que le había hecho a su hermano, pues al ver esa bondad con el que lo había recibido, sintió que había dejado a un lado las diferencias y todo lo malo del pasado, para poder disfrutar de su hermano mayor a quien tenía años sin ver.

    En este sentido, Jacob pudo ver esa autoridad de hermano mayor que tenía Esaú, pues su mirada no era la misma, él podía ver esa autoridad y la honra que tenía que presentar a su hermano a quien por años le había hecho mal y deshonrado.

    “Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido. Acepta, te ruego, mi presente que te he traído, porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío.

    E insistió con él, y Esaú lo tomó. Y Esaú dijo: Anda, vamos; y yo iré delante de ti. Y Jacob le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas.

    Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco a poco al paso del ganado que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor a Seir” (Génesis 33:10-14)

    A través de este encuentro se produjo el nacimiento de una nueva vida para Jacob y Esaú, donde ya no serían enemigos, sino que se convertirían en una verdadera familia, siendo participantes, compañeros, aliados en ese nuevo porvenir en sus vidas.

    “Y Esaú dijo: Dejaré ahora contigo de la gente que viene conmigo. Y Jacob dijo: ¿Para qué esto? Halle yo gracia en los ojos de mi señor. Así volvió Esaú aquel día por su camino a Seir. Y Jacob fue a Sucot, y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado;

    por tanto, llamó el nombre de aquel lugar Sucot. Después Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y acampó delante de la ciudad.

    Y compró una parte del campo, donde plantó su tienda, de mano de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien monedas. Y erigió allí un altar, y lo llamó El-Elohe-Israel” (Génesis 33:15-20)

    Para culminar se puede decir que cuando se da la lucha de Jacob con el ángel, fue una pelea entre la vieja naturaleza con la voluntad de Dios en su vida, que llegó a su vida para quebrantarla con el poder del Cielo, haciéndole entender que no es con las fuerzas humanas, sino con el poder del Espíritu Santo que se puede obtener las bendiciones en la vida de las personas.

    Esta historia es una gran enseñanza para todos los creyentes, pues refleja el diario vivir de cualquier persona que se resisten en hacer la voluntad de Dios y muchas veces tiene que ser quebrado por Él, quien por su inmenso amor y misericordia le enseña estos momentos, para que puedan ser libre de todo lo que los oprime.

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