3 Cosas que debes esperar cuando te haces amigo de Dios

Mucha gente piensa que convertirse en amigo de Dios tiene que ver con la religión y con ir a la iglesia. ¡Pero es mucho más que eso! Se trata de una relación con el creador del universo que te conoce mejor que tú mismo. Aquí hay algunas cosas que puede esperar cuando se convierte en un amigo de Dios:

1. Nunca estarás solo.
2. Siempre tendrás con quien hablar.
3. Nunca serás juzgado.
4. Siempre serás perdonado.
5. Siempre serás amado.

En nuestro mundo de redes sociales de amigos, seguidores, emojis y gifs, ¿Cómo podemos evitar que las relaciones se vuelvan demasiado virtuales y no lo suficientemente reales?

Por ejemplo, Dios envió la última "solicitud de amistad" en la forma de su Hijo, Jesús:

"Yo soy el Camino", dijo Jesús. "Yo soy la Verdadera Realidad, y soy la Vida. Nadie se acerca al Padre si no es a través de la unión conmigo" (Juan 14:6, TPT).

¿Una oferta para llegar "junto" a Dios? Una oportunidad increíble, pero ¿Cómo es posible?

Jesús continuó explicando: "Conocerme a mí es conocer también a mi Padre. Y a partir de ahora os daréis cuenta de que lo habéis visto y lo habéis experimentado" (Juan 14:6-7, TPT).

Así pues, la oferta de "amigo" es real, pero ¿cómo espera Dios que lo "experimentemos"?

Proverbios 18:24 nos dice que "hay "amigos" que se destruyen mutuamente, pero el verdadero amigo se mantiene más cerca que un hermano".

Este "verdadero amigo" es lo que la Biblia clasificaría como una relación de pacto, como la amistad que tenían David y Jonatán (1 Samuel 18). También es el tipo de relación que Dios tuvo con Noé (Génesis 6), Moisés (Éxodo 19), David (2 Samuel 7) y Salomón (1 Reyes 9).

Pero probablemente la relación de pacto más asombrosa que vemos en las Escrituras es la que tuvieron Dios y Abraham:

"El Señor dijo: '¿He de ocultar a Abraham [mi amigo y siervo] lo que voy a hacer.... Porque lo he conocido (elegido, reconocido) [como propio]'" (Génesis 18:17, 19, AMPC).
"Oh, Dios nuestro... ¿no diste esta tierra para siempre a los descendientes de tu amigo Abraham?" (2 Crónicas 20:7).
"Pero tú, Israel... a quien yo [Dios] he elegido, la descendencia de Abraham, mi amigo" (Isaías 41:8, AMPC).
"Se cumplió la escritura que dice: 'Abraham creyó a Dios'... y fue llamado amigo de Dios" (Santiago 2: 23, NVI).
"Amigo de Dios" no era una mención honorífica que la familia y los amigos daban a Abraham después de su muerte. Era un apelativo que Dios usaba para él personalmente.

Índice

Cosas que debes esperar cuando te haces amigo de Dios

Cuando se trata de aceptar la oferta de Jesús de estar junto a Dios, tal vez pienses que ese nivel de relación está fuera de tu alcance. No es que no quieras algo así, sino que no puedes imaginarte acercándote tanto a Él.

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A menudo, se nos anima a no mirar al pasado por el peligro de quedarnos atascados allí y no poder avanzar en nuestra fe y vida hacia lo que nos espera como nuevas creaciones en Cristo (2 Corintios 5:17).

Pero este es uno de esos momentos en los que necesitas al menos mirar por encima de tu hombro y echar un vistazo -o, mejor aún, una mirada completa a lo que Dios estaba haciendo en el pasado. Una vez que lo hagas, probablemente querrás corregir el rumbo, para que aterrices en medio de una amistad con Dios como nunca creíste posible.

Si te atreves a mirar hacia atrás, aquí hay 3 cosas que debes esperar cuando te haces amigo de Dios:

1. Perteneces a Dios

"Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo... y juntamente con él nos resucitó, y nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús."

Observe cómo el apóstol Pablo nos habla desde el pasado: "Cuando estábamos muertos...." Dios "nos dio vida...." Dios "nos resucitó...." Dios "nos hizo sentar...."

Todo esto es tiempo pasado. Todo está en nuestro retrovisor. Todo ocurrió mucho antes de que dijéramos ¡Sí! a la oferta de Jesús de venir "junto al Padre". Dios selló el trato mucho antes de que tú aparecieras, lo cual forma parte de una relación de pacto. Es cuando una parte (el Mayor), hace por la otra parte (el menor) lo que no podría hacer por sí mismo.

Pablo nos lo hace notar en Filipenses 2:5-7, NASB:

"Tened en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, existiendo ya en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a lo que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando la forma de siervo y naciendo en la semejanza de los hombres."

¿Por qué renunció Jesús a su "igualdad con Dios"?

Lo hizo para poder restaurarnos a nuestro nivel original de igualdad con Dios, al nivel de relación que Adán y Eva tenían con Él antes de su "caída" (de la igualdad con Dios) en el Jardín del Edén. Jesús se rebajó a sí mismo para elevarnos de nuevo a nuestra condición de hijos de Dios (Romanos 8:29).

Así que, sólo para ser claros-Dios "nos hizo sentarnos juntos en los lugares celestiales en Cristo Jesús".

Eso no suena opcional, ¿verdad?

No hay debate. No hay discusión. No hay confusión en cuanto a la disposición de los asientos. (Si la hay, véase Mateo 22:44; Hechos 2:33; Efesios 1:18-23; Apocalipsis 3:21).

Hace mucho, mucho tiempo, Dios hizo y reservó un lugar para ti junto a Él. Ahí es donde Él te vio entonces. Ahí es donde debes verte ahora, en un lugar de poder, autoridad, honor y gloria.

Eso es lo que sólo una relación de pacto -la amistad- puede hacer por ti.

2. Estás en buena compañía

"Ya que has sido resucitado a una nueva vida con Cristo, pon tu mirada en las realidades del cielo, donde Cristo se sienta en el lugar de honor a la derecha de Dios. Pensad en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Porque habéis muerto a esta vida, y vuestra verdadera vida está escondida con Cristo en Dios". -(Colosenses 3:1-3)

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Como seguidores de Jesús, hay una tarea en la que TODOS estaremos trabajando por el resto de nuestras vidas en esta tierra: "poner la vista en" y "pensar en" las realidades y cosas del cielo; y eso es de esperar. Es algo que incluso Jesús tuvo que hacer mientras vivía aquí abajo (Juan 15:19, 17:14-16).

Hemos hecho el compromiso de seguir a Jesús, y Él nos ha llevado hasta la sala del trono del cielo al habernos elevado a una "nueva vida" con Él. Ahora es el momento de instalarnos en nuestro nuevo hogar y en nuestra nueva forma de vida: nuestra nueva forma de relacionarnos con Dios, nuestra nueva forma de relacionarnos con la gente.

Todo esto para decir que cada uno de nosotros está en transición. Nuestros espíritus se transformaron, o renacieron, en el momento en que aceptamos la oferta de Jesús. Nuestras almas (mente, voluntad, emociones) y cuerpos, sin embargo, son otra cosa. La transición de éstos tomará más tiempo, y es ahí donde tenemos que mantener nuestro compromiso permaneciendo en el proceso (Romanos 12:1-2; Efesios 4:22-24).

Nuevamente, Pablo lo explica de esta manera:

"Vosotros estabais... [alejados] del pueblo de Israel, y extraños a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios.... Pero ahora, en Cristo Jesús, vosotros, que antes estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo" (Efesios 2:12-13).

En un momento estuvimos lejos de Dios; al siguiente, estamos cerca y en persona. Ahora, sólo es cuestión de tomarse un tiempo para que el resto de nuestro ser -nuestra conciencia, conocimiento y pensamiento- se reprograme y se ponga al día. Se trata de centrarse y acostumbrarse a la idea de estar cerca de nuestro Padre celestial.

Tristemente, demasiados creyentes (aunque nacidos de nuevo) todavía viven como "extranjeros" y "extraños" a sus promesas de pacto. Sencillamente, no son conscientes del potencial que les ofrece su relación de pacto con Dios, que es lo que llevó al apóstol Pedro a escribir esto

"[Dios] nos ha llamado por nuestro nombre y nos ha invitado a acercarnos a él mediante una gloriosa manifestación de su bondad. Como resultado de esto, nos ha dado magníficas promesas [del pacto] que están más allá de todo precio, para que a través del poder de estas tremendas promesas [del pacto] podamos experimentar la asociación con [Su] naturaleza divina" (2 Pedro 1:3-4, TPT).

3. Todo depende de Dios

"El Señor se le apareció a Abram y le dijo: 'Yo soy [El Shaddai]; camina delante de mí, [teniendo integridad]. Haré mi pacto entre Yo y tú, y te multiplicaré en exceso.... Y serás el padre de una multitud de naciones. Porque te he hecho padre de una multitud de naciones". -(Génesis 17:1-2, 4-5 NASB)

Abraham tenía 99 años cuando Dios se le apareció y estableció este pacto. Un año después, Sara dio a luz a su hijo, Isaac, y el pacto se desarrolló a partir de ahí.

Cuando Dios se presentó a Abraham como El Shaddai ("Dios Todopoderoso"), no es una coincidencia que la frase se refiera a una madre lactante. Una madre lactante lo es todo para su hijo. Ella es el origen de la vida de ese bebé, fuente de alimentación y guía de todo el mundo que ese bebé va a experimentar.

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Dios le decía a su amigo Abram: "Yo soy tu todo, soy todo lo que necesitarás".

"No sólo eso, Abram, sino que voy a cambiar tu nombre a Abraham [padre de una multitud] porque te he hecho padre de una multitud de naciones".

¿Ves cómo Dios le hablaba a Abraham (como Pablo nos habla a nosotros) desde el pasado?

Dios ya había determinado el destino de Abraham. Lo había establecido, y ahora lo estaba declarando ya cumplido.

En 2 Crónicas 20:21, AMPC, encontramos una frase común utilizada en todo el Antiguo Testamento para describir el amor del pacto de Dios por sus amigos...

"Dad gracias al Señor, porque su misericordia y su bondad son eternas".

La palabra hebrea utilizada en esa frase, describe el amor de Dios como un amor obligatorio, algo que Él tiene que hacer. Debido a que estás en pacto con Él, Dios está obligado a amarte, pase lo que pase. Es más, Él anda buscando razones para amarte.

Así que tienes la "solicitud de amistad" de Dios y tal vez ya has hecho clic en "aceptar". Pero si la relación parece en absoluto distante, o quizá demasiado virtual, sigue el consejo de Pablo:

"Pon tu mirada" y "piensa" a dónde perteneces realmente, en qué compañía estás, y todo lo que Dios ha hecho -y sigue haciendo- para mantener la amistad cercana, personal... y real.

Los beneficios de ser amigo de Dios

Cuando te haces amigo de Dios, puedes esperar que sucedan muchas cosas maravillosas en tu vida. Por un lado, tendrás una relación mucho más cercana con Él. Podrás hablar con Él sobre cualquier cosa y todo lo que esté pasando en tu vida.

Él también estará ahí para ti cuando más lo necesites. Además, como amigo de Dios, puede esperar recibir Sus bendiciones en su vida. Él te guiará y te ayudará a través de todos los desafíos de la vida. También puede esperar encontrar verdadera felicidad y paz cuando sea amigo de Dios.

Qué esperar cuando te conviertes en un amigo de Dios

Cuando te conviertes en amigo de Dios, puedes esperar experimentar Su amor y Su gracia en tu vida. También puedes esperar sentir Su presencia contigo siempre. Además, puede esperar tener una comprensión más profunda de Su Palabra y podrá aplicarla mejor a su vida.

Conclusión: Dios está esperando que seamos sus amigos

A medida que nos hacemos amigos de Dios, podemos esperar que sucedan muchas cosas maravillosas en nuestra vida. Encontraremos más gozo y paz, y nuestra relación con Dios se profundizará. También seremos más capaces de servir a los demás y hacer una diferencia en el mundo.

Hacerse amigo de Dios no siempre es fácil, pero siempre vale la pena. Puede tomar algo de tiempo y esfuerzo llegar a conocer mejor a Dios, pero las recompensas valen más que la pena. Así que si te sientes perdido o solo, recuerda que Dios te está esperando para que seas su amigo.

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