La Historia De Abraham Y Sara

La historia de Abraham y Sara es la que transformó el camino de la fe, ya que viene a mostrar como Dios puede obrar en la vida de una persona de avanzada edad, cumpliendo en ellos las bendiciones prometidas para sus vidas.

En la Biblia pueden encontrarse diversidad de historias y personajes que tienen relevancia, sin embargo en el Antiguo Testamento se destaca la historia de Abraham y Sara, que se convirtieron en los precursores de la fe.

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    La Historia de Abraham y Sara

    La Historia de Abraham y Sara 

    Abraham cuando contaba con una avanzada edad, se casó con Sara, una mujer de gran belleza pero que era estéril, por lo que no podría tener descendencia. Luego de ello Dios se manifiesta a Abraham y le ordena que abandone su hogar, pues le mostraría una tierra preparada para formar un gran pueblo.

    “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

    Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.

    Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron” (Génesis 12:1-5)

    Al pasar el tiempo viajan a Egipto donde Abraham se percata de la belleza de su esposa, por lo que se hace pasar por hermano de Sara para evitar alguna situación adversa, y en el camino los egipcios ven la hermosura de Sara.

    Producto de ese encuentro Sara es llevada al Faraón, quien al verla la corteja, y le da muchos obsequios, pero luego de un tiempo es reprendido por Dios, produciendo la expulsión de la pareja de esta tierra. (Génesis 12:14-20)

    Posterior a ello, Abraham y Sara regresan a la tierra de Canaán y en ese lugar construyen un altar para Dios que lo visitaba todos los días, y es en ese momento que Dios se le manifiesta a Abraham y le muestra su protección, además de anunciarle la promesa de su heredad.

    “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?

    Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia” (Génesis 15:1-5)

    A pesar que Dios le había dado a Abraham esa promesa de tener un hijo, Sara viéndose vieja y estéril le ofreció su esclava Agar para que pudiese recibir ese hijo que tanto anhelaba. (Génesis 16:2-4)

    Esta situación produjo que Agar se fuera de ese lugar y tuvo un encuentro con Dios en el camino, que le hizo regresar y mantenerse sumisa a Sara, ya que todo era un propósito de Dios pues tendría un hijo de Abraham.

    “Y Agar dio a luz un hijo a Abram, y llamó Abram el nombre del hijo que le dio Agar, Ismael. Era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael” (Génesis 16:15-16)

    Con este nacimiento del hijo de Abraham con Agar Dios se le aparece años después, nuevamente, y le afirma el pacto que tendría con él y su generación, como testimonio de su poder sobre él y su creación.

    “Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.

    Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.

    Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones” (Génesis 17:3-9)

    Promesa a Sara y Abraham del nacimiento de Isaac

    Promesa a Sara y Abraham del nacimiento de Isaac

    Luego de varios años y cuando Abraham tenía 99 años se le apareció por tercera vez Dios, y en este caso Sara también recibió la visita de Dios, quien le hizo la promesa de engendrar un hijo en su vientre, es por ello que esta es la única mujer a la que Dios se le presentó. (Génesis 18:9-15)

    Pasado el tiempo Dios visitó a Sara afirmando de esa forma la promesa dada en tener un hijo en su vientre, quien se convertiría en el hijo de la promesa que había dado a Abraham y a Sara para multiplicación de su pueblo.

    “Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado.

    Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo. Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo. Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara habría de dar de mamar a hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez” (Génesis 21:1-7)

    Pasado el tiempo del nacimiento Isaac, se presentaron situaciones incómodas entre Sara y Agar, ya que se burlaban del pequeño Isaac, lo que produjo la molestia al punto de pedir que se fueran de su hogar, situación que entristeció a Abraham de gran manera.

    “…Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia. Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente.

    Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba” (Génesis 21:9-14)

    Luego de este episodio de la vida de Sara y Abraham vino el momento más difícil y conmovedor que pudo vivir este hombre, pues primero tuvo que despedir a Ismael, y luego Dios le pidió que sacrificara a su hijo Isaac, como muestra de su amor y lealtad, algo que no dudó en hacer.

    “Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

    Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.

    Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos…Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos” (Génesis 22:1-4,6)

    Luego de llegar al lugar del sacrificio Abraham dispuso sacrificar a su hijo Dios lo detuvo, pues había visto el corazón de este hombre que no se negó a sacrificar a su hijo, por cumplir en obediencia el mandato dado por Dios.

    “Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.

    Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.

    Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo” (Génesis 22:9-13)

    Este momento se convertiría en la evidencia del amor que tenía Abraham a Dios, quien no se negó en sacrificar a su hijo. Y se convirtió en un evento profético donde años después se vería cumplido el sacrificio del hijo de Dios, que traería la libertad del mundo.

    Abraham y Sara en sus últimos años

    Con el paso del tiempo Abraham y Sara extendieron sus tierras y mantuvieron una vida tranquila al lado de Isaac, quien creció en buena salud administrando todas las riquezas que tenían sus padres.

    Abraham y Sara permanecieron unidos como esa pareja que Dios había bendecido en todo lo que emprendían, hasta que llegó el momento de la partida de Sara, que produjo gran tristeza en Abraham e Isaac.

    “Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla” (Génesis 23:1-2)

    Posterior a ello, Abraham cumpliendo un tiempo de duelo tuvo otra esposa con la que tuvo otros hijos, sin embargo él no la quiso de la misma forma como había amado a Sara, dándole toda lo que había producido a su hijo Isaac que era el hijo de la promesa.

    “Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa…Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental” (Génesis 25:1-2,5-6)

    Pasado el tiempo Abraham en buena vejez murió, y de esa manera Isaac se convirtió en el dueño de todas las tierras entregadas a Abraham, iniciando de esa forma el legado generacional del padre de la fe, que vería cumplida la promesa dada por Dios.

    “Y estos fueron los días que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años. Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo. Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrón hijo de Zohar heteo,

    que está enfrente de Mamre, heredad que compró Abraham de los hijos de Het; allí fue sepultado Abraham, y Sara su mujer. Y sucedió, después de muerto Abraham, que Dios bendijo a Isaac su hijo; y habitó Isaac junto al pozo del Viviente-que-me-ve (Génesis 25:7-11)

    Luego de ver toda la historia de Abraham y Sara en la Biblia, se puede decir que por medio de este ejemplo de vida se ve como Dios obra de una forma especial en la vida de las personas que caminan en fe a Él.

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    Del mismo modo, gracias a Abraham y su absoluta fe en Dios es que surge el pueblo escogido por Dios, nacido de su simiente y del hijo de la promesa dada a una mujer estéril, quien junto a su esposo creyeron en lo que Dios anunció, un hijo en su vez que llamaron Isaac.

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