El Encuentro De Jesús Y La Samaritana

El encuentro de Jesús y la Samaritana, es uno de los momentos que se cuenta en la Biblia donde el Mesías muestra su misericordia y amor, rompiendo las tradiciones y la separación que se tenían entre los pueblos.

El hecho que Jesús hablara con la Samaritana podía ser visto como un problema, ya que judíos y samaritanos eran enemigos, pero el Señor entendido en su misión quería enseñar que la salvación de Dios era para todos.

Índice

    El Encuentro de Jesús y la Samaritana

    El Encuentro de Jesús y la Samaritana

    Este encuentro que tuvo Jesús con la Samaritana, permitió introducir el testimonio de la salvación de Dios en este territorio que no era visitado por los judíos, ya que eran pueblos que tenían pugnas por lo que el Señor rompía esas barreras que se tenían en estos pueblos para enviar el mensaje del Reino de los Cielos.

    De este modo, dicho encuentro es narrado en el Evangelio de Juan, donde se detalla este encuentro que transformó la vida de esta mujer. Y este hecho dice lo siguiente:

    “Cuando Jesús se enteró de que había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan –aunque no era Jesús mismo quien bautizaba, sino sus discípulos- abandonó Judea y volvió a Galilea. Tenía que pasar por Samaria.

    Llega, pues, a una ciudad de Samaria llama Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: “Dame de beber”. Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida.

    Le dice la mujer samaritana: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?” (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: dame de beber, tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua de vida”.

    Le dice la mujer: “Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?”. Jesús le respondió: “Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna”.

    Le dice la mujer: “Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla”. Él le dice: “Vete, llama a tu marido y vuelve acá”. Respondió la mujer: “No tengo marido”. Jesús le dice: “Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad”.

    Le dice la mujer: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”. Jesús le dice: “Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

    Pero llega la hora en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben orar en espíritu y verdad”. Le dice la mujer: “Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga nos lo desvelará todo”. Jesús le dice: “Yo soy, el que está hablando contigo”.

    En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: “¿Qué quieres? o ¿Qué hablas con ella? La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?”. Salieron de la ciudad e iban hacia El” (Juan 4:1-30)

    Es importante analizar en este encuentro el hecho que esa mujer mantuvo respeto a Jesús, a pesar que a los judíos no debía dirigirle palabra. Sin embargo, escuchó atentamente a las palabras que le dió, ya que le dio detalles de su vida, y de ese modo pudo conectarse con ella, y dar el mensaje de salvación al que recibió de buena manera hasta compartirlo con todo los habitantes del pueblo.

    Contextualización del Encuentro de Jesús y la Samaritana

    Contextualización del Encuentro de Jesús y la Samaritana

    Este encuentro entre Jesús y esta mujer sucedió en Samaria que viene del hebreo Shomron, que es una región situada al margen occidental del río Jordán, entre las ciudades de Galilea y Judea, que se convirtió en el paso inevitable para todo galileo que deseaba trasladarse a Jerusalén, y de forma viceversa.

    Es en el año 722 A.C. que el rey Sargón II toma Samaria y pone fin al reino de Israel, y gran parte de la población es deportada y asentada en las riberas del río Khabur, siendo el afluente del Éufrates, en la región de la Media, ubicada al noroeste de la actual Irán, en pleno territorio hurrita.

    De ese momento Israel quedó con una pequeña parte de los derrotados, quienes con el pasar del tiempo recibieron una gran cantidad de los colonos que eran procedentes de Mesopotamia, situación que con el paso del tiempo, se convirtió en un proceso de sincretismo religioso y fusión racial, buscando la conciliación de las distintas religiones.

    Ese origen del conflicto entre los samaritanos y judíos se sitúa en el momento del regreso de los exiliados del destierro, y es en el año 537 A.C. que regresaron los deportados, quienes eran celosos de las costumbres y las tradiciones, por lo que se aislaron de los samaritanos, al igual que de los judíos que no vivieron en el destierro y, por ello, coexistieron con otras religiones.

    Durante este tiempo los samaritanos eran inferiores al de los judíos, quienes los despreciaban, ya que los consideraban corrompidos por el paganismo al no querer adorar al Señor en Jerusalén. Y ente sentido la Samaritana se lo dijo a Jesús:

    “Nuestros padres adoraron a Dios en este monte (Garizim) y vosotros (los judíos) decís que el sitio donde se le ha de adorar es Jerusalén” (Juan 4:20)

    Eso refleja que los samaritanos siguieron el culto a Dios en el monte de Garizim, y construyeron su propio templo a Dios durante la primera época helenística, y siguieron practicando ese culto de adoración con los escasos samaritanos que habían quedado.

    Posterior a ellos, Samaria fue fundada por el rey Omrí, quien reinó entre el 876 y el 869 A.C., y quien la convirtió en la capital de su reino. Posterior a ello en el año 926 A.C., los pueblos del norte de Israel se rebelaron contra el gobierno del rey Roboam, hijo de Salomón, por las condiciones de miseria en las que vivían.

    Ante esa situación se dio lugar a dos reinos, uno en Israel del norte, con la capital en Siquem, y la otra en Judá en el sur, con la capital en Jerusalén. Mientras que en el año 110 A.C. el rey y el sacerdote de Judea, Juan Hircano I, conquistó Idumea y Samaria, y la región quedó unificada geográficamente, pero continuaron las marcadas divisiones religiosa y culturales.

    Y luego de eso, los habitantes de Judá dejaron de considerar a los samaritanos como los judíos auténticos, mientras que los samaritanos dejaron de reconocer la obligatoriedad de la adoración a Dios en el monte de Sion de Jerusalén. Y en medio de esa rivalidad religiosa y cultural, Jesús llegó con sus discípulos a Samaria en ese camino desde Jerusalén hasta Galilea.

    Ante ese encuentro Jesús envió a sus discípulos a buscar alimentos al pueblo que estaba vecino en Samaria, y a su regreso ellos se sorprendieron en ver a Jesús que estuviera hablando con una mujer y, para añadir que fuera samaritana.

    Importancia del Encuentro de Jesús y la Samaritana

    Importancia del Encuentro de Jesús y la Samaritana

    Ante este encuentro entre Jesús y la Samaritana es importante analizar cada uno de estos personajes, quienes cumplen con un poderoso evento que narra la Biblia.

    La Mujer Samaritana

    En ese encuentro la samaritana llega al pozo de Jacob para sacar agua, como todos los días, era una persona que quizás no tenía objetivos en su vida ya que estaba angustiada, pero buscaba la felicidad sin encontrarla, por ello que acudía al pozo para poder saciar su sed y la de los suyos, como una metáfora de la vida que tenía.

    Esta mujer ignoraba la posibilidad en tener una salvación de Dios, pues necesitaban comprender que la vida religiosa no tenía nada que ver con un lugar específico o con una diversidad de actos o rituales, ella necesitaba conocer que la religión no era la que salvaba, sino eran los actos del amor que reflejaban a Dios.

    En el contexto en el que se da está situación demuestra como los judíos veían a los samaritanos como miembros de una raza apóstata, debido a los estándares de esa época donde los judíos asumían que estos hombres y mujeres no tenían una educación cultural, y su reputación no era la más edificante, por lo que Jesús cuando esta mujer lo enfrenta de forma verbal le habla de una forma afectiva.

    “Le dice la mujer samaritana: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?” (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: dame de beber, tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua de vida”

    Ante ese modo en el que esta mujer se dirigía a Jesús demuestra que su corazón estaba resentido y endurecido, por aquella rivalidad que existía entre el pueblo samaritano y el judío, a lo que Jesús de una forma sabia y cautelosa refirió la verdadera adoración a Dios.

    “Dios es espíritu, y los que le adoran deben orar en espíritu y verdad”. Le dice la mujer: “Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga nos lo desvelará todo”. Jesús le dice: “Yo soy, el que está hablando contigo”

    Jesús el Mesías Prometido

    Jesús

    Jesús cuando llega a Samaria se sentía cansado del camino y sediento, por ello se encontró en el pozo de Jacob en espera de que alguien llegará a sacar agua, para pedirle agua y poder beber, el sabía que esperar en el pozo lo pondría ante una persona de Samaria, pero esto no le importó, pues su ministerio no hacía acepción de personas.

    Ante eso Jesús sabiendo la enemistad que tenían estos pueblos nunca buscó confrontamiento, sino que tuvo una actitud de humildad y de integración en el que no juzgó. En ese momento en el que habló con la samaritana, Jesús no exaltó una religión ni menospreció otra religión, Él buscó que entendiera la verdad, y esa verdad era conocer al Cristo, enseñándose a sí mismo, mostrándole al Padre.

    De este modo, este encuentro demuestra como Jesús se comportó de una manera afectiva ante una samaritana que tenía necesidades emocionales, pero más de eso tenía una gran necesidad espiritual, por lo que Él le enseñó la verdadera forma de adorar a Dios.

    Resultado del Encuentro entre Jesús y la Samaritana

    Resultado del Encuentro entre Jesús y la Samaritana

    La historia cuenta que la samaritana llegó al pozo de Jacob a la hora sexta, es decir que producto del calor solía ir a ese lugar a buscar agua, o simplemente, esperaba la hora del mediodía donde era escaso el movimiento de personas en ese lugar, y al encontrarse a Jesús en el pozo de Jacob debió ser una novedad para ella.

    Al encontrarse Jesús con esta mujer que llegaba a sacar agua del pozo empezó a hablar con ella, mientras que esta no lo vio muy bien y empezó a tener una discusión teológica y señalar las faltas que tenían los demás. Sin embargo Jesús, con su amor y sensibilidad que lo caracterizó, le hizo ver que ella como persona le importaba a Él, y que su necesidad Él la podía suplir.

    De una manera sabia Jesús le hizo ver que la sed física no era lo más importante, sino la sed espiritual que tenía, ya que por años vivió vacía con la diversidad de parejas que tuvo. Es por ello, que la samaritana esperaba recibir el abuso verbal, por lo que inició la conversación atacando de forma verbal, por lo que ella se sorprendió al ver que Jesús le habló con el amor.

    “Le dice la mujer: “Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla”. Él le dice: “Vete, llama a tu marido y vuelve acá”. Respondió la mujer: “No tengo marido”. Jesús le dice: “Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad”.

    Le dice la mujer: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dice: “Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

    Pero llega la hora en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben orar en espíritu y verdad”. Le dice la mujer: “Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga nos lo desvelará todo”. Jesús le dice: “Yo soy, el que está hablando contigo”

    Se puede notar que la samaritana intentaba esquivar el tema que hablaban, pero Jesús en lugar de reprenderla se mostró amable y se puso en el nivel de ella, ganándose su corazón cambiando esa visión que tenía de este judío desconocido en quien no debía confiar, hasta verlo luego como un profeta que le había hablado todo sobre su vida, a tal punto en contarle a todos los habitantes de su pueblo.

    Ese encuentro permitió mostrar a ese pueblo al Mesías prometido, quién llegaba sin hacer acepción de persona, y su poder estaba al servicio de todos aquellos que estaban sedientos espiritualmente, Jesús nunca humilló a la samaritana sino que le dio un lugar en su salvación, dándole las herramientas para ser una adoradora genuina de Dios.

    Para culminar se puede decir que este encuentro permite que la samaritana reciba el consuelo que necesitaba, y de esa manera poder saciar la sed espiritual, ya que podría beber de la paz, el perdón, la fortaleza, la serenidad y continuar caminando con la esperanza de la redención del Mesías.

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