El Poder De La Palabra

El Poder de la Palabra es muy grande ya que a través de ella Dios creó el mundo y hoy en día el mundo conoce la verdad bíblica, y tiene el poder de bendecir y maldecir aquello a lo que se envía.

De modo que la palabra debe ser usada de forma prudente y con el uso adecuado, para poder dar el resultado por el cual ha sido lanzada, y de esa forma convertirse en bendición

Índice

    La Palabra

    El Poder de la Palabra

    La palabra tiene el significado de ser una expresión, un vocablo, una voz, mientras que etimológicamente proviene del latín en la palabra parabŏla, que es el sistema de signos que se utiliza en una comunidad para comunicarse de forma oral o escrita.

    En el aspecto lingüístico la palabra se convierte como la unidad léxica, formada por sonidos o conjunto de sonidos articulados, que permiten asociarse a uno o varios sentidos, y que posee la categoría gramatical determinada para poder dar a conocer un tipo de mensaje.

    Mientras que en el aspecto bíblico la palabra no es un simple medio de comunicación entre los hombres, sino que es un signo sensible que puede representar una idea siendo un principio activo dotado de la eficacia para dar participación del dinamismo del reino de los cielos.

    “Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre; Y arroyo que rebosa, la fuente de la sabiduría” (Proverbios 18:4)

    Esto quiere decir que el ser humano puede a través de la palabra lograr edificar o destruir lo que desee, ya que por medio de ella se puede determinar el fundamento de las acciones que desee cualquier persona, determinar bendiciones o maldiciones.

    “Escuchad, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca. Goteará como la lluvia mi enseñanza; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba” (Deuteronomio 32:1-2)

    El Poder de la Palabra

    El Poder de la Palabra

    Cuando se lee las Sagradas Escrituras se puede encontrar una gran cantidad de momentos donde el uso de la palabra demostró su poder, desde la creación que se ve desde el libro de Génesis, donde Dios demuestra la potencia que tiene una palabra.

    “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” (Génesis 1:3)

    Desde ese momento donde la creación iniciada aparece el padre de la mentira, satanás, quien intervino para dañar las cosas que Dios había establecido, y engañó a Eva para desobedecer la palabra dada por Dios, dando el uso de la palabra de forma negativa.

    “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?

    Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.

    Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

    Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Génesis 3:1-6)

    Esas palabras que la serpiente usó para seducir a Eva y que ella junto con Adán desobedecieran, produjo que Dios los maldijere y recibieran a través de la palabra una condena a consecuencia de actuar indebidamente ante la autoridad de Dios.

    “Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

    Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; 

    sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

    A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido,  y él se enseñoreará de ti.

    Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

    Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:11-19)

    Las Palabras que salen de tu boca

    El Poder de la Palabra

    El uso de las palabras es tan importante que en la Biblia existe un capítulo completo que habla sobre el poder de la lengua, y de como a través de ella se puede edificar o destruir una vida, y el libro de Santiago lo detalla de la siguiente forma:

    “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.

    Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, !!cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

    Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;

    pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

    ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce” (Santiago 3:2-12)

    Este pequeño órgano tiene un gran poder, pues a través de él se puede dar vida o muerte, levantar o destruir, bendecir o maldecir.

    “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto” (Proverbio 18:21)

    Ante esto surgen algunas preguntas ¿Qué tipo de frutos estás comiendo? ¿estás bendiciendo o estás maldiciendo? ¿De qué manera estás dirigiéndote a los demás? ¿hablas la verdad o la mentira? ¿estás quejándote de todo o hablas de forma positiva?.

    Cuando se habla de los frutos está demostrando que es imperante que el creyente pueda ser alimentado de forma correcta con la palabra de Dios, que es la que ayudará en tener palabra correcta, pues lo que está dentro de su corazón eso saldrá de su boca.

    “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre” (Mateo. 15:18)

    Esto evidencia que el ser humano debe cuidar sus palabras, ya que ellas pueden ser corrosivas para los oyentes, trayendo consigo la molestia con otros, relaciones rotas y producir amargura. Es por ello, que se debe meditar en las palabras que salen de su boca.

    “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45)

    Las palabras que salen de la boca pueden ser letales, pueden ser amargas que se arrojan de forma constante desde un corazón corrosivo, pero a su vez pueden ser miel, bonanza y bendición si sale de un corazón limpio lleno de amor.

    Cuidar las Palabras que salen de la Boca

    El Poder de la Palabra

    Las personas deben saber como dirigirse para no herir y dañar a los oyentes, de esa manera la palabra de Dios nos enseña cuáles son los caminos correctos que deben seguir, para poder tener una palabra que edifique y bendiga su alrededor.

    “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Colosenses 4:6)

    Es por ese motivo que el creyente debe permanecer en la búsqueda del Señor, meditar en su palabra para que pueda tener dominio de la lengua, ya que ella no es sólo un fuego sino que es un animal peligroso, que busca la presa para matarla así como algunos animales venenosos.

    Con las palabras quizá no hayan causado guerra o destruido ciudades, pero si pueden destrozar los corazones de las personas que los escuche, dañando su imagen delante de los demás, ya que eso puede también destruir las almas.

    • “En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente” (Proverbios 10:19)
    • “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29) 

    Por su parte, el libro de Proverbios hace énfasis en como a través de la palabra puede llevar la paz a un lugar y establecer la verdad, convirtiéndose en el medio para demostrar la esencia de Dios en cada persona.

    • “La lengua apacible es árbol de vida; Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu” (Proverbios 15:4)
    • “El hombre es feliz cuando sabe responder; ¡y que buena es una respuesta oportuna!” (Proverbios 15:23)
    • “Aun el necio es considerado sabio cuando calla, discierne, cuando sella sus labios” (Proverbio 17:28)
    • “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene” (Proverbio 25:11)

    El creyente debe conocer que cuando por sus palabras derriba o hiere a alguna persona está entristecido al Espíritu Santo, por ello debe salir de su boca lo que es para edificación, y de esa forma impartir la gracia de Dios a todos los que los escucha.

    “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29) 

    Ante esa situación David le pidió al Señor que pudiese colocar un guarda en su boca, ya que él sabía que el corazón es la clave del buen hablar, por eso Jesús, posteriormente, dice: “Porque de la abundancia del corazón, habla la boca” (Mateo 12:34)

    • “Señor, pon un vigilante en mi boca; ¡ponle un sello a mis labios! No dejes que mi corazón caiga en la maldad” (Salmos 141:3-4)
    • “Decidí prestar atención a mis caminos para no incurrir en pecado con mi lengua; decidí refrenar mis palabras mientras tuviera un malvado cerca de mí. En mi interior, mi corazón se enardeció; al pensar en esto, estalló mi enojo” (Salmos 39:1-3)

    De este modo, hay que imitar las palabras correctas o tomar el silencio como la forma de hablar, o cumplir el propósito de las cosas, como lo hizo Jesús que fue insultado, maltratado y no abrió su boca.

    “Se verá angustiado y afligido, pero jamás emitirá una queja; será llevado al matadero, como un cordero; y como oveja delante de sus trasquiladores, se callará y no abrirá su boca” (Isaías 53:7)

    En este sentido, a todos los creyentes se les invita a que mediten en las palabras de forma correcta, empleando todo lo que se enseña en la Sagradas Escrituras, y pedir al Espíritu Santo que pueda activar en su vida el fruto del Espíritu conforme a la voluntad de Dios.

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    Con ello podrá dejar las palabras que sean imprudentes, y así dar esa palabra oportuna que puede disminuir el estrés, o una palabra cariñosa, o una palabra de sanidad para ser ese ente de bendición, ya que por las palabras serás juzgado.

    “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:37)

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