Parábola de las 10 Minas: Contexto, Simbología E Interpretación

La parábola de las 10 minas es una enseñanza dada por Jesús en el que se muestra como un rey les dio responsabilidad a sus siervos, quienes debían de forma diligente cumplir con la orden encomendada, y uno de ellos no lo hizo.

Es la reflexión que se da, de como Dios le ha dado a cada cada creyente dones y talentos, que deben ser administrados de la forma correcta para que su reino pueda extenderse en la tierra, y ser un buen siervo que sabe a quien le sirve.

Índice

    Parábola de las 10 Minas

    Parábola de las 10 Minas

    La parábola de las diez minas tiene similitud a la de los talentos, y en cada una de ellas lo que busca Jesús es enseñar como el creyente debe ser un buen administrador cuando se le da una orden, y en este caso el relato dado por Jesús dice de la siguiente forma:

    “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.

    Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

    Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.

    Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo.

    Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.

    Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí” (Lucas 19:11-27)

    En este sentido, Jesús cuando se dirigía a Jerusalén les relata está parábola donde hace énfasis en el significado de la manifestación del Reino de Dios, en ese entonces los judíos que lo acompañaban pensaban que el reino mesiánico solo se manifestaría según la expectativa y característica de aquellos reyes de ese tiempo, quienes lo librarían del Imperio Romano.

    Jesús narra esta historia contextualizando con la vivencia de los judíos en ese tiempo, quienes esperaban a ese Mesía prometido que los ayudaría a ser libres de la hegemonía del Imperio Romano, y es por ello que enfatiza en que ese hombre sería despreciado por el pueblo, pero sin embargo se le otorgaría el reino.

    Contexto Histórico de la Parábola de las 10 Minas

    Contexto Histórico de la Parábola de las 10 Minas

    La parábola de las diez Minas Jesús la cuenta basada en un hecho histórico que acontece cuando muere Herodes el grande en el año 4 A. C, dejando su reino dividido entre Herodes Felipe, Herodes Antipas, y Arquelao.

    En este sentido, este reparto debía que ser ratificado por los romanos antes de hacerse efectivo, y en el caso de Arquelao, al que le había tocó Judea, él se dirigió a Roma a convencer a Augusto para fuese reconocido su derecho; sin embargo los judíos mandaron a unos cincuenta hombres delante de Augusto para oponerse a Arquelao.

    Sin embargo, Augusto confirmó la herencia aunque sin el título de rey, es por ello que cualquiera que escuchara en Judea dicha parábola se acordaría de ese hecho que ocurrió durante el reinado de estos hombres

    Simbología de la Parábola de las 10 Minas

    Simbología de la Parábola de las 10 Minas

    La parábola de las diez minas habla sobre varias cosas que cualquier creyente debe ejecutar en su vida diaria, ya que cada uno de los siervos de Dios se le ha encomendado una misión, y en este relato se describen varios tipos de creyentes:

    Jesús es el Rey

    En primera lugar se debe comprender que el rey al que se refiere la parábola es el mismo Jesús, quien le dio dinero a sus siervos cuando se marchó, y les permitió que lo invirtieran de la mejor forma sin ponerle ningún tipo de condición, dejando a su criterio la labor de administración.

    Esto quiere decir que hay confianza en cada uno de los siervos a los que Dios le ha dado esos dones y talentos, para que su obra siga desarrollándose en la tierra. Es una prueba para ver si los hombres son confiables en esas cosas pequeñas, como las narra la parábola.

    Recompensa del Rey a los Siervos

    A la llegada del Rey llamó a cada uno de los siervos que le había encomendado la misión de multiplicar esas minas, a lo que cada uno de ellos recibió una recompensa producto de su trabajo.

    Los dos primeros tomaron el riesgo de invertir las minas que el rey le había entregado, y obtuvieron ganancias grandes pues lograron multiplicar el doble de lo que le habían entregado en sus manos, a lo que el rey se sintió agradecido por tan buena labor, y los felicitó, otorgándole su recompensa.

    “Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades”

    Sin embargo el tercer siervo tuvo temor de arriesgarse, guardó la mina en un pañuelo, y al momento de presentarse los al rey fue castigado por él ya que no hizo la labor que había sido encomendado.

    “Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo”

    Se puede ver como este señor luego de regresar se convierte en el rey, y dueño de todo el territorio, y decidió recompensar a los dos siervos que obraron de acuerdo a su mandato, y fueron ascendidos en posiciones altas. Mientras que castigo al tercer siervo por no actuar de la forma correcta, de la misma manera sucede con los creyentes en Dios, que sean malos administradores de los bienes dados por Dios.

    Enseñanza de la Parábola de las 10 Minas

    La enseñanza que deja esta parábola es que habrá una recompensa por el bien hecho en la labor encomendada, dejando claro que los creyentes tienen la responsabilidad de cumplir el propósito de Dios en la tierra.

    De la misma forma, que el rey hace un llamado a sus siervos Dios lo hace a sus creyentes que prediquen, sanen, lleven su evangelio y multipliquen esos talentos y dones que Él les ha dado para el avance de su reino, y que sean como los dos siervos que multiplicaron las minas al rey.

    Esta parábola concluye con la lección que deben entender los creyentes, y es que deben accionar en la labor encomendada para recibir la recompensa, y se cumplirá la Palabra que dice:

    “Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”

    Esto quiere decir que todo creyente debe disciplinarse en la obra encomendada para poder ver los frutos positivos en su labor, y recibir esa recompensa eterna que será los galardones que Dios ha preparado para todos aquellos que hacen su voluntad.

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    Es por ello que le invitamos a que cuando se le de una labor que esté dirigida en expandir el reino de los cielos confíen y sigue adelante cumpliendo la labor encomendada, ya que Jesús ha prometido estar con cada persona hasta el fin del mundo

    “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19-20)

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